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A 140 años de la tragedia de la Niña de Guatemala

A 140 años de la tragedia de la Niña de Guatemala

        María García Granados y Saborío, era hija del general Miguel García Granados, que fue presidente de Guatemala, y cuya residencia servía de tertulia para los artistas y literatos más destacados de Guatemala. María, además era sobrina nieta de María Josefa García Granados, influyente poetisa y periodista, hasta allí llegó procedente de México el poeta cubano José Martí en 1877,  centrando su atención en las damas guatemaltecas de “andar indolente, de miradas castas, vestidas como las mujeres del pueblo”, y cuando encontró a María García Granados, una dama semejante, pero más cosmopolita e ilustrada, quedó inmediatamente prendado de ella. No debe dejarse de señalar que todo parece indicar que María no respondía al patrón de muchacha tímida y vulnerable; publicaciones guatemaltecas de la época hablan de su participación relativamente activa como música y cantante fuera del hogar, en actividades artísticas públicas, organizadas por sociedades e instituciones ; María seguía así los pasos de su tía abuela María Josefa, quien había muerto en 1848 y que había sido además de poetisa y periodista, muy influyente en los gobiernos conservadores de Guatemala. 

         José María Izaguirre escribiría sobre María” Era alta, esbelta y airosa: su cabello negro como el ébano, abundante, crespo y suave como la seda; su rostro, sin ser soberanamente bello, era dulce y simpático; sus ojos profundamente negros y melancólicos, velados por pestañas largas, revelaban una exquisita sensibilidad. Su voz era apacible y armoniosa, y sus maneras tan afables, que no era posible tratarla sin amarla. Tocaba el piano admirablemente, y cuando su mano resbalaba con cierto abandono por el teclado, sabía sacar de él notas que parecían salir de su alma y pasaban a impresionar el alma de sus oyentes”.

          El 21 de Abril de ese año La joven y Martí se conocieron.

         El poeta además impartió clases a María en la Academia de Niñas de Centroamérica desde junio de 1877,  conoció luego al padre la joven,  quien ya era ex presidente de su país se  hiso asiduo concurrente al domicilio de la familia Granados, ya sea para jugar al ajedrez con el general o participar de las tertulias, en ese contexto surgió el amor entre ambos, amor que no poda fructificar pues Martí estaba comprometido en su país natal.

           A fines de 1877, Martí se fue a México y regresó hasta inicios del siguiente año, ya casado con Carmen, María le escribió entonces “"Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto. Tu Niña”

         El desamor gano el corazón de María, y aunque no estaba bien de salud, acepto una invitación de  su prima para ir a nadar, quizás para distraerse, así empeoro  y el 10 de mayo de 1878 en la primavera Ella, por volverlo a ver, a los 17 años, la flor cerro sus pétalos ya marchitos.

                    “Ella, por volverlo a ver,

                       salió a verlo al mirador;

                       él volvió con su mujer,

                             ella se murió de amor.”

 

           Tras el fallecimiento de María, aparecieron en la prensa guatemalteca varios poemas en calidad de homenaje póstumo, donde los autores confesaban la admiración que en ellos había despertado. José María Izaguirre, por ejemplo, se propuso fortalecer el mito de muerte por amor: “Cuando Martí regresó con Carmen no fue más a casa del general, pero el sentimiento se había arraigado profundamente en el alma de María, y no era ella del temple de las que olvidan. Su pasión se encerraba en este dilema: verse satisfecha, o morir. No pudiendo verificarse lo primero, le quedaba el otro recurso. En efecto, su naturaleza se resintió del golpe, fue decayendo paulatinamente, un suspiro continuo la consumía y, a pesar de los cuidados de la familia y los esfuerzos de la ciencia, después de estar algunos días en cama sin exhalar una queja, su vida se extinguió como el perfume de un lirio.”

             En 1891 Martí Publica sus “Versos Sencillo” y la inmortaliza en el poema IX, que se popularizó como “La Niña de Guatemala”.

                         “Quiero, a la sombra de un ala,

                           contar este cuento en flor:

                            la niña de Guatemala,

                            la que se murió de amor.”

 

Elías Almada

 

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